Introducción
Andalucía, al igual que el resto de Europa y del Mundo
en general, se encuentra inmersa a finales del siglo XX y principios
de XXI en un proceso de transición hacia un modelo de
poblamiento y actividad económica eminentemente urbano.
Baste recordar que en el año 2000 cerca del 60 % de la
población andaluza vivía en los ámbitos
de influencia de sus diez grandes aglomeraciones urbanas (por
encima de los 100.000 habitantes) y el 76% de su población
residía en núcleos de población con más
de 10.000 habitantes.
Este grado de concentración de la población en áreas
urbanas tenderá a crecer en las primeras décadas
del presente siglo, manteniéndose una tendencia iniciada
a mediados del siglo veinte.
Entre las múltiples consecuencias de este acelerado proceso de urbanización
(económicas, culturales, de modos de vida, etc.), las concentraciones
urbanas se caracterizan por originar problemas ambientales específicos.
Por un lado, las propias condiciones de vida en el medio urbano exigen indicadores
de calidad ambiental propios o singulares referidos a aspectos como la calidad
del aire, la existencia de zonas verdes, el ruido o la congestión del
tráfico. Por otra parte, las ciudades originan crecientes tensiones
ambientales como consecuencia de la presión que ejercen sobre los recursos
naturales (agua, suelo, materias primas, aire o energía) que les sirven
de sustento, así como por la contaminación inherente a los vertidos
de gran parte de estos recursos en forma de residuos (aguas residuales urbanas,
basuras, etc.) o la propia expansión física originando la ocupación
irreversible de suelo.
Por ello, no es de extrañar que los problemas ambientales
que perciben, hoy en día, la mayoría de los habitantes
de Andalucía se concentren en las ciudades. Sin embargo,
la reflexión global sobre los mismos es reciente y aún
escasa, no sólo en nuestra región, sino incluso
en ámbitos superiores como la Unión Europea. Baste
recordar al respecto que el documento base de las actuales políticas
ambientales en las ciudades, “El Libro Verde del Medio
Ambiente Urbano” de la UE, se publicó hace apenas
una década (1991).
La propia evolución de las ciencias ambientales, centradas
hasta hace poco en los problemas mundiales y regionales, o en
temas sectoriales analizados a estas escalas, explica esta tardanza
en el planteamiento de una política ambiental específica
para las ciudades. Pero, también es verdad, que la multiplicidad
de organismos públicos implicados en la administración
y gestión del medio ambiente en el ámbito local
ha impedido frecuentemente un conocimiento real de las disfuncionalidades
que presentan las ciudades, desde el punto de vista de la calidad
de su medio ambiente.
Como organismo responsable de la prevención y corrección
de los desequilibrios ambientales de la Comunidad Autónoma
andaluza, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta
de Andalucía plantea entre otros objetivos la mejora de
la calidad ambiental de las ciudades andaluzas.
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